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Diocesis del Espinal.... Al servicio de la comunidad catolica del Espinal y del Tolima.
Mons. Orlando Roa Barbosa Obispo titular
"Un Seminario Nuevo para Sacerdotes Nuevos"
Parroquias de nuestra Diócesis
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Actualidad Diocesana

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HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL

Marzo 17 de 2016 Muy queridos hermanos sacerdotes, religiosas, seminaristas y fieles laicos en general, que se han desplazado desde su parroquia para participar en la celebración de esta Santa misa, que reviste especial importancia para la vida de nuestra iglesia particular del Espinal. A todos los saludo con especial afecto. La Palabra de Dios, ilumina nuestra celebración. Hemos escuchado al profeta Isaías que habla en primera persona: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado…”. Esas palabras nos hacen pensar que se trata del recuerdo de la vocación personal del profeta. Esas palabras se las aplicará Jesús a sí mismo en la sinagoga de Nazaret, como hemos escuchado en el relato del santo evangelio según San Lucas. El profeta se presenta como “invadido“ por el Espíritu del Señor. El efecto de la presencia del Espíritu se manifiesta en dos verbos: “me ha ungido” y “me ha enviado”. En primer lugar, la consagración, efecto que le concierne personalmente: es decir, el profeta pertenece a Dios y a su servicio. Puesto que pertenece a Dios, pertenece también a los demás; el profeta es un enviado al pueblo con una misión que se define muy detalladamente. Amados sacerdotes, acojamos esta palabra, escuchemos y sigamos la voz de Cristo buen Pastor, dejémonos atraer y conducir por él y consagremos a él nuestra propia vida. Recordemos que ejercitando el ministerio sacerdotal somos partícipes de la misión de Cristo único Maestro. Somos continuadores de la obra santificadora de Cristo y mediante nuestro ministerio el sacrificio espiritual de los fieles se hará perfecto unido al de Cristo. El Papa Francisco en una homilía dirigida a sacerdotes les pidió en nombre de Cristo y de la Iglesia: “por favor, no se cansen de ser misericordiosos. Ustedes están para perdonar y no para condenar. Con el óleo santo darán alivio a los enfermos, y también a los ancianos: no sientan vergüenza de mostrar ternura por los ancianos”. También les dijo: “Los exhorto a participar en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos a su Obispo, esfuércense en reunir a los fieles en una sola familia para conducirlos a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tengan siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido”. Volviendo al texto del profeta Isaías, la frase: “me ha enviado” introduce siete finalidades, de las cuales la primera es un breve resumen: “Para dar la buena noticia a los pobres”, a los que tienen el corazón destrozado, a los esclavos, a los prisioneros… El profeta debe anunciar que el Señor no se ha olvidado de ellos, sino que cuida de ellos. Se trata sobre todo de anunciarles: “El año de gracia del Señor”. Este año, sabemos todos, que es un año de gracia del Señor, porque el Papa Francisco, nos ha convocado para celebrar el año Santo de la misericordia. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Todos estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia, ser signo eficaz del obrar del Padre. Para la Iglesia es un tiempo propicio para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes (MV 3). Este año santo se inició el pasado 8 de diciembre, en el aniversario 50 de la conclusión del concilio Vaticano II; en nuestra Diócesis se abrieron las puertas de la Catedral, del Santuario de Nuestra Señora la Virgen del Carmen de Apicalá, del Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria y del Amparo en Purificación, de la Parroquia San Juan Bautista en Chaparral, para acceder a las bendiciones que representa para todos los cristianos las indulgencias que podemos recibir. Hoy mismo en nuestra iglesia Catedral, podemos ganar la indulgencia plenaria en esta celebración. Sabemos que el año santo se concluye el 20 de noviembre con la fiesta de Jesucristo Rey. Dice el Papa: “Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios. Que a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros.” (MV 5). El lema de este año es claro, contundente y comprometedor: “Misericordiosos como el Padre”. Hermanos: en este tiempo en que nuestra iglesia particular está comprometida con la Nueva Evangelización, el tema de la misericordia exige ser propuesto una vez más con nuevo entusiasmo y con una renovada ACCIÓN PASTORAL. Es determinante para nosotros y para la credibilidad del anuncio que vivamos y testimoniemos en primera persona la misericordia. La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. Donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. Donde quiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia (MV 12). Nos podemos preguntar: ¿Qué acciones concretas estamos llamados a realizar durante este año? Señalo algunas expresadas por el Papa en el documento de la convocatoria a este año santo: 1. Dejarnos iluminar por la Palabra de Dios. “Queremos vivir este año jubilar a la luz de la Palabra del Señor “Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso” (LC 6,36). Es un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz. Para ser capaces de misericordia, entonces debemos en primer lugar colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios” (MV 13). 2. Organizar peregrinaciones. La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La misericordia es una meta por alcanzar que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación es estímulo para la conversión. 3. Volver a las obras de misericordia. El Papa nos dice: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Esto para despertar nuestra conciencia aletargada ante el drama de la pobreza. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. No podemos escapar de las palabras del Señor porque con base en ellas seremos juzgados. Obras de misericordia CORPORALES: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Obras de misericordia ESPIRITUALES: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. (MV 15). 4. Hacer énfasis que se trata de un año de gracia. Como escuchamos en el Evangelio de Lucas, esto es lo que el Señor anuncia y lo que deseamos vivir, Un Año de Gracia. Este Año Santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús que resuena en las palabras del Profeta. Llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella. Que nos acompañen las palabras del Apóstol en la carta a los Romanos 12,8; “El que practica la misericordia, que lo haga con alegría. (MV 16). 5. Aprovechar el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Que sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. 6. Celebrar las 24 horas para el Señor, durante la Cuaresma, para facilitar la confesión de la mayoría. 7. Motivar diálogo interreligioso. 8. Acercarnos al sacramento de la reconciliación. Muchas personas están volviendo a confesarse y entre ellas muchos jóvenes. El Sacramento de la reconciliación nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. Será para cada penitente fuente de verdadera paz interior (MV 17) Queridos hermanos, indudablemente, el texto del profeta Isaías, nos ha llevado a pensar en la misericordia de Dios Padre, iluminados también por las palabras del Papa Francisco en los primeros números de la Misericordiae Vultus, los invito a hacer la novena de la misericordia a partir del viernes santo, como preparación para la fiesta que se celebra el domingo 3 de abril, es otra forma de unirnos a las intenciones del Papa en este Año Jubilar; recordemos que el texto del profeta Isaías, también, nos ha llevado a pensar en el sacerdocio ministerial. Con mayor razón, en esta Eucaristía en que se nos invita a renovar las promesas sacerdotales, a pensar, en la vocación personal de todos los sacerdotes aquí presentes. Como el profeta, por el hecho de estar consagrados pertenecemos a Dios y pertenecemos a nuestros hermanos; nosotros también somos enviados al pueblo con una misión específica que conocemos perfectamente. La Misa Crismal que celebra el obispo con todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. Hoy se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. El Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los diáconos, sacerdotes y obispos. La palabra crisma proviene de latín: chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que se consagra hoy para ungir a los nuevos bautizados y signar a los confirmados. También son ungidos los Obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental. La liturgia cristiana ha aceptado el uso del Antiguo Testamento, en el que eran ungidos con el óleo de la consagración, los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa "el ungido del Señor". El crisma se hace con aceite y aromas o materia olorosa para significar "el buen olor de Cristo" que deben despedir los bautizados. Con el óleo de los catecúmenos se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo. Este aceite es un jugo untuoso de color verde amarillento que se extrae del olivo o de otras plantas. El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús. Con el pan y con el vino pongamos en manos del Señor todas la intenciones que traemos a esta celebración, muy especialmente les pido de corazón sus oraciones fervientes y constantes por el Obispo y los sacerdotes de nuestra querida iglesia particular del Espinal; les pido oraciones permanentes por esta intención y también les pido que sean detallistas con sus sacerdotes acompañándolos espiritualmente en días especiales del año litúrgico, con un saludo, una oración o algún detalle que les recuerde la importancia del sacerdote para su comunidad. Me refiero al jueves santo día en que se conmemora la Institución del sacerdocio, al cuarto domingo de pascua, fiesta del Buen Pastor, al día en que se celebra la fiesta de Cristo sumo y Eterno Sacerdote, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el cuatro de agosto en la fiesta del Santo Cura de Ars, patrono de todos los sacerdotes. Esos momentos son significativos para pedir llenos de confianza en el Señor por la santificación de todos los sacerdotes, por la santificación de sus sacerdotes. Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él. Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios. Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el jubileo de la misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos, y restituir la vista a los ciegos. Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén +Mons. Orlando Roa Barbosa Obispo del Espinal

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